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El síndrome de la impostora

Las personas que sufren el síndrome del impostor sienten que no merecen todo lo que han conseguido y creen que su incompetencia será descubierta. Más allá de sus capacidades, rechazan el éxito y se consideran impostoras.

Como este síndrome afecta más a las mujeres, se lo nombra en femenino.

Un estudio publicado sobre este síndrome asegura que los hombres sobreestiman sus capacidades, mientras que las mujeres las subestiman. Por eso es importante abordar este tema con perspectiva de género, porque el poder continúa siendo masculino.

Aunque hace décadas las mujeres nos insertamos en el mercado laboral, seguimos arrastrando siglos de desigualdad.

Crecimos con la figura del hombre exitoso y con miedo al éxito. La competencia, la independencia, la inteligencia, la ambición y el liderazgo; parecen ser rasgos masculinos y atributos mal vistos en el género femenino.

Algunos números:

Sólo el 24% de las mujeres en el mundo ocupan puestos directivos. Tenemos un “techo de cristal”, es decir, barreras y limitaciones que nos impiden acceder a puestos jerárquicos.

Ni hablemos de la brecha salarial. Según un informe del Foro Económico Mundial, recién dentro de 100 años los sueldos de las mujeres serán iguales a los sueldos de los hombres.

Actualmente la pretensión salarial de las mujeres es un 20% menor a la de los hombres.

Y no decimos nada nuevo cuando afirmamos que las mujeres sentimos más presión social a nivel laboral y personal. No nos alcanza con tener un título o un buen puesto. Debemos ser excelentes profesionales o trabajadoras y debemos capacitarnos continuamente porque nunca es suficiente.

Un dato interesante: los hombres se postulan para un puesto de trabajo cuando cumplen con el 60% de las condiciones. Las mujeres sólo si cumplen con todos los requisitos.

Por otra parte, debemos ser madres sacrificadas porque sino nos tildan de “madres abandónicas” o “malas madres”. Además debemos tener buen aspecto, ser amables y delicadas.

Estos niveles de exigencia nos hacen desconfiar de nuestras capacidades.

Cuando algo nos sale bien, apelamos a factores externos (estábamos en el lugar y en el momento indicado, se alinearon los planetas o simplemente tuvimos suerte). Pero cuando algo nos sale mal, nos adjudicamos la culpa o recurrimos al auto-sabotaje (creemos que no hicimos lo suficiente o que lo podríamos haber hecho de otra manera).

En ese sentido, Camila Levato (la creadora de Cami Camila), sostiene que tenemos que ser conscientes de nuestras limitaciones tanto como de nuestras capacidades y logros.

“Qué difícil poder decir: sí, la verdad que soy talentosa”, sostiene Camila, quien confiesa que gracias a las sesiones de terapia pudo entender que reconocer el talento no significa ser arrogante.

¿Cómo evitar el síndrome de la impostora?

Para no caer en la falta de merecimiento, podemos:

Celebrar los logros, sean grandes o pequeños.

Hablar con otras personas de los éxitos obtenidos.

Rodearnos de mujeres que admiramos y que nos inspiran.

Valorar nuestro conocimiento y nuestra experiencia.

Analizar los “tengo que” (¿realmente es necesario hacer algunas cosas? ¿O las hacemos para cumplir con ciertos mandatos?). Muchas veces por “tener que” hacer ciertas cosas, nos postergamos.

“No te hagas la boluda con lo que sabés que hacés bien. No te subestimes. Ya bastante nos fumamos por lisa y llanamente haber nacido mujeres. Todo se aprende, siempre estamos creciendo. Si tenemos el privilegio de romper el techo de cristal y estar en una posición de liderazgo, o en un laburo importante, o haber emprendido algo por nuestra cuenta, o haber logrado lo que sea en la vida, escuchemos a las amigas que nos dicen: boluda, sos una grosa”, concluye Camila.

Más información sobre este tema, acá:

Las mujeres y el mercado laboral: los desafíos de la igualdad

Cuando menos es menos

El síndrome del impostor: por qué Michelle Obama piensa que su carrera es un fraude

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